He leído que en algunos sitios -me imagino que en los países del Norte- a la tosta le llaman sándwich abierto. Pero, ya puestos, por qué no llamarla “sándwich descapotable”.
De todas formas, una buena tosta siempre debe partir de un buen pan de hogaza o similar, nada de esos “cuadrados, insulsos y blandengues” que se despachurran al primer intento de hincarle el diente.
Pues eso, un buen pan y unos buenos ingredientes (carne o pescado) junto a algunas verduras que pueden ser frescas, pasadas a la plancha o encurtidas.
Las tapas, montaditos o el pa amb tomàquet, si no son hermanas de la tosta, serán primas muy cercanas.
Podríamos hablar sobre los “sándwich descapotable” más conocidos internacionalmente, todos del Norte: el danés: smørrebrød, el noruego: smørbrød o el sueco: smörgås. Pero esa es otra historia, y aquí a lo que hemos venido es hablar del arte que tiene “mi pescatero” a la hora de hacerle la cirugía a cualquier ser marino. En este caso, unos filetes de ventresca fresca cortados finamente.
4 filetes de ventresca fresca.
4 rebanadas de pan de hogaza.
3 cebolletas tiernas.
2 tomates de pera maduros.
2 dientes de ajo.
Aceite de Oliva Virgen Extra.
Pimienta negra recién molida.
Sal.
En una sartén con un poco de aceite rehogamos las cebolletas cortadas a tiras a fuego muy suave. Cuando la tengamos bien pochada, la retiramos y reservamos.
En la misma sartén, a fuego más fuerte, ponemos los filetes de ventresca. Los hacemos, por cada lado, durante 1-2 minutos.
Cortamos y pelamos los tomates y los dientes de ajo. Los ponemos en la batidora con un poco de sal y un buen chorro de Aceite de Oliva Virgen Extra. Trituramos hasta emulsionar.
Montamos la tosta poniendo en la base un poco de cebolla, encima la ventresca y luego un poco de la emulsión de tomate.
Como había hecho también unas gambas al ajillo, distraje cuatro y coroné la tosta con ellas.



























